PIEDRAS EN EL CAMINO
Perspectivas de diálogo interreligioso
desde escenarios de conflicto[1]
Paulo Suess
suess@uol.com.br Los países latinoamericanos son una “democracia
racial” así como son una “democracia política”. Ambas estas “democracias” favorecen las desigualdades con base en
el origen étnico y el lugar social del nacimiento y dificultan, desde el tiempo
de la colonización, el diálogo. Ser indígena, negro o blanco determina las
oportunidades sociales en el país y limita las posibilidades de decir su
palabra. En esta constelación, las fronteras étnico-culturales y religiosas
son, al mismo tiempo, fronteras de desigualdad, exclusión y no reconocimiento. En la primera parte de este texto presentamos algunos escenarios que, con sus rápidos cambios, se asemejan al guión de un documental cinematográfico. Este “guión” articula el pasado con el presente y permite el libre tránsito (¡transdisciplinariedad!) entre filosofía e historia, entre antropología y teología. En la segunda parte, procuramos – a partir de la discusión en torno a la Teología India – mostrar que las piedras en el camino del encuentro con el otro y la otra no son algo históricamente superado. Las piedras apuntan a una tarea urgente, la apropiación de la diversidad y el reconocimiento de la alteridad. La piedras pueden tornarse preciosas, desde que le recuerdan a las iglesias su origen pluricultural en el Pentecostés. La memoria y la práctica de esta diversidad, como parte integrante de la identidad eclesial, es el presupuesto de un diálogo interreligioso como don y tarea.
A partir de la diversidad
étnico-cultural, de hecho, se constata una cierta supervalorización de una
unidad metafísica que encuentra su origen en Atenas. El impacto de la civilización griega sobre el cristianismo
resultó en la importación de ciertos preconceptos en contra de la diversidad,
muchas veces calificada como “barbarie”, “confusión babilónica” o “mundo al
revés”. 1.1. Jardim Itápolis
Frente al Museo de la
Independencia, en Sao Paulo, pasa, de quince en quince minutos, un ómnibus que
es un membrete de la diversidad cultural de la ciudad, con el nombre: “Jardim
Itápolis”. “Jardim” recuerda la herencia
ibérica del país; “itá”, en guaraní, significa “piedra” y apunta a la herencia
indígena; y “pólis” representa la cuna de la civilización oriental en
Atenas. “Jardim Itápolis”: Jardín
Ciudad de Piedra”. Los nombres de las
calles de nuestras ciudades, las estaciones del subterráneo, las estatuas y,
sobretodo, las personas - todo está
preñado de diversidad cultural y religiosa, del placer y las tensiones de la
diversidad a nivel real y simbólico. En las calles paulinas, las
estatuas de Anchieta y de Anhangüera[2]
disputan la atención de los transeúntes.
La Gran Sao Paulo es atravesada por una “Via Anchieta”, Via dos
Bandeirantes” y una “Raposo Tavares”, recordando el llamado “ciclo de caza del
índio”. El pueblo heredó la alquimia de
su sobrevivencia de los indígenas colonizados, homenajea sus ángeles de la
guarda y respeta sus demonios, porque sabe cómo puede ser útil encender una
vela a Dios y otra al diablo. El embate
del bien contra el mal – tantas veces invocado en las obras de Anchieta y recientemente en los discursos
pseudomesiánicos contra el terrorismo-- es enfrentado por el pueblo en las
calles, donde la violencia real supera la imaginación alegórica de los
misioneros quinientista. Hoy, los interlocutores de
Anchieta son “otros” desaparecidos, y recuerdan el pecado histórico de las
misiones, la reducción de la diversidad.
Hablar de la diversidad cultural en América Latina significa hablar de
desapariciones, de exclusión y reducción, de mestizaje y sincretismo y de lucha
contra el olvido. La memoria de las y
los desaparecidos puede tratarse en la arqueología, en la historia, en la
antropología o en la teología. La
invocación de esta memoria de las personas desaparecidas puede significar: llegó la “hora de la verdad”, verdad en el
sentido original del “no olvido”. 1.2. Atenas explica
En la mitología griega, el río
Lete es el río que atraviesa el reino de los muertos. Quien bebe de sus aguas pierde la memoria de sí mismo. Por tanto,
“a-lete” (a-letheia)que significa en
griego, la lengua del Nuevo Testamento, verdad – es “no olvido” y memoria. Y esa memoria puede significar recuerdo y
“saudade”, pero también indignación que visa
la ruptura con la barbarie contemporánea. Los misioneros quinientistas
llegaron a las América mal preparados para el reconocimiento de la alteridad, o
mejor, llegaron teológicamente preparados para el no reconocimiento del
otro. La cuestión del reconocimiento de
la “diversidad cultural” estaba hipotecada por el tratamiento filosófico que la
cuestión de unidad y multiplicidad históricamente recibió. En toda edad media – y la teología dominante
de la conquista era medieval-- el valor de la unidad y multiplicidad estaba
marcada por el pensamiento metafísico, con su origen en la Academia de la pólis
en Grecia.[3]
Desde Constantino que transformó el cristianismo marginal del Imperio Romano en
religión oficial, la Iglesia asume progresivamente estructuras imperiales. El soporte ideológico para esta
transformación la proveyó el pensamiento metafísico que tiene sus raíces en Platón:
como el unum representa el totum, así la punta de la pirámide
administrativa representaría lo esencial de todo el cuerpo social de la
Iglesia. Agustino (354-430) y sus
seguidores se apropiaron de las especulaciones metafísicas de Platón (427-347
a.C.) hasta Plotino (205-270),
pensamiento ese que redujo la realidad a un origen y/o substancia: unum est totum (el Uno es el Todo). Hoy diríamos, los teólogos y las teólogas
inculturan la teología en la filosofía de Atenas y los canonistas incultural la
administración eclesial en las prácticas administrativas del Imperio
Romano. Si el Uno es el Todo, el múltiplo carga en sí deficiencias del
“ser” y de la “substancia”. El múltiplo representa la depravación del
uno. La doctrina del origen único
descalificó la diversidad de los caminos como desvíos. Por lo tanto, los misioneros consideraban el
pasado de los pueblos autóctonos no solo como irrelevante para la historia de
su salvación, lo consideraban un estorbo para la transmisión de la “verdadera
religión”. Para los catequistas de la
conquista y su teología todavía inspirada por el neoplatonismo y la relativa
unidad del mundo medieval, lo plural de las voces y de los modelos encontrados
en las Américas representaba un alejamiento de la verdad única y patronizada en
las experiencias históricas y expresiones culturales de Europa. 1.3. Desencuentros en Porto Seguro
Si la multiplicidad es viciada
por las deficiencias del ser, también la alteridad es impregnada por una falta
substancial. Los misioneros
comprendieron, por consiguiente, su trabajo como reducción de la multiplicidad
y como la incorporación en la propia identidad. La primera misa celebrada en
Brasil –en Porto Seguro-- por Frei Henrique de Coimbra, refleja este
pensamiento mimético, en las palabras del cronista Pero Vaz de Caminha que destaca
a los indios como aquellos que hacen todo como nosotros: Ahí estuvieron con nosotros,
asistiendo a misa, cerca de cincuenta o sesenta indios, sentados todos de
rodillas, así como nosotros. Y cuando se llegó al Evangelio, y nos
pusimos todos de pie con las manos levantadas, ellos se levantaron con nosotros
y alzaron las manos, estando así hasta llegar al fin; y entonces volvieron a
sentarse, como nosotros. Y cuando levantaron a Dios, que nos pusimos
de rodillas, ellos se pusieron todos así como
nosotros estábamos.[4] Al concluir la descripción del
evento de Porto Seguro, Pero Vaz resume:
“Y según lo que a mí y a todos nos pareció, a esta gente, no les falta
otra cosa para ser toda cristiana más que entendernos, porque así hacían aquello que nos veían hacer, como
nosotros mismos.”[5]
Quinientos años más tarde, el
22 de abril del 2000, la policía militar intentó impedir la marcha de los
pueblos indígenas y de sus aliados del movimiento popular de Porto Seguro a
Coroa Vermelha. Los indios que se rehusaban
a hacer todo como nosotros, fueron violentamente reprimidos, con bombas de
efecto moral, en una operación militar sin precedente. Algunas escenas de
aquellos días de “jubileo” jamás las olvidaremos: Gildo Terena intentando impedir la represión contra los indios,
colocándose de rodillas en frente de las tropas; un grupo de Kayapó, rasgando
las ropas que vestían, en un grito de revuelta contra la humillación; Matalawé
(Jerri Adriani dos Santos), Pataxó sobreviviente de la región, el día 26 de
abril, interrumpiendo la misa oficial de conmemoración del descubrimiento
realizada por la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil con un
pronunciamiento contundente: Hoy es un día que podría ser un día
de alegría para todos nosotros. (...) Donde ustedes están pisando tienen que
tener respeto porque esa tierra nos pertenece a nosotros. (...) quinientos años
de sufrimiento, de masacre, de exclusión, de preconceptos, de explotación, de
exterminio de nuestros parientes, aculturamiento, estupro de nuestras mujeres,
devastación de nuestras tierras, de nuestras matas que nos tomaron con la
invasión (...) Estamos de
luto. ¿Hasta cuándo?[6] Porto Seguro 2000: Masacraron el encuentro y substituyeron la
fiesta por su simulacro. La
conmemoración puede ser una manera sofisticada de reprimir la memoria histórica
y de hacer olvidar. Lo culturalmente correcto y recordado, las respectivas
ondas de una época o patrón de santidad al que sirve, en correspondencia con
determinadas prioridades políticas y espirituales de un pontificado, para las
canonizaciones, y el mainstream de la
ciencia, todas estas son afluentes del Río Lete. Lo que no fue publicado en inglés, de algunos años para acá y en
determinadas revistas de renombre, es relegado al forget it. Mártires y herejes, pobres y excluidos, otros y minorías
que son la memoria evangélicamente significativa de cada época,cuestionan la
conveniencia del forget y delete. 1.4. Confusión babilónica
La diversidad lingüística
encontrada en las Américas, los misioneros qunientistas la comparaban,muchas
veces, con la confusión babilónica. El
padre José de Acosta (1540-1600), primer provincial de los jesuitas en Perú,por
ejemplo,constata en su tratado De
procuranda indorum salute (1576) con una cierta resignación: “Dicen que en
otros tiempos con setenta y dos lenguas entró la confusión en el género humano;
mas estos bárbaros tienen más de setecientas (...)”.[7] La reducción de la diversidad
es una lucha antibabélica. La reducción
al Uno era interpretada como la “recapitulación” en Jesucristo, de la cual
habla San Pablo. Salvación significaba,
por lo tanto, revertir la confusión y dispersión del Babel. Frente a las exigencias de un origen y de un camino único y frente a la diversidad cultural de los
pueblos autóctonos de las Américas, los términos “tutela” y “reducción” se
vuelven palabras claves de la “conquista espiritual”. La “tutela” – ¡el cuidado de
las ovejas perdidas en el mundo!-- fue practicada o en la forma blanda del
paternalismo de un Frei Mendieta, para quien sus cofrades franciscanos son los
“padres de esta mísera nación” (Mendiete, 522) de indios; o en la forma más
severa de Juan de Zumárraga, inquisidor y primer obispo de México, amonestado
por la reina, en carta del 26 de junio de 1536, para moderar su manera de
castigar a los neófitos. El término “reducción” podía
significar reducción de la pluralidad cultural y religiosa a los padrones
europeos en “doctrinas” más o menos abiertas o en “misiones” cerradas. La “reducción” como experiencia misionera no
transformaba una multiplicidad
arbitraria en diversidad articulada; no generaba,, en respuesta a una supuesta
confusión babilónica, un nuevo pentecostés.
Generaba, sin un abrigo en
contra de los “excesos” de la violencia estructural (sistema colonial) o
individual, pago con la pérdida de la libertad
y de la diversidad de los pueblos indígenas. 1.5. Mundo al revés Al atravesar el Ecuador con 44
compañeros, el día 22 de febrero de 1981, el jesuita Antonio Sepp anota en su
carta-diario “Viaje a las misiones jesuitas y trabajos apostólicos”:[8] “Costuma-se mudar todo sobre o equador. A
agua apodrece, a carne fica fedorenta, morren percevejos, pulas y otra
bicharia”. La aguja magnética de la
brújula, por ende, no se disloca. Ella
continua apuntando fiel y exactamente hacia la Estrella
Polar. La diferencia está toda en
nosotros mismos, que necesitamos modificar nuestro concepto. Cuando es medio día en Europa, es media
noche aquí entre nosotros (...) El
viento helado de Europa es aquí bien tibio.
Todo al revés (...) En diciembre
y enero, cuando en Europa todo se congela, comemos higos y recogemos
lirios. En una palabra, todo aquí es
diferente, y está a acuñar la expresión, llamando a América el “mundo al
revés”. (...) El día 28 de febrero entramos en el ayuno cuaresmal, lamentablemente
según el calendario y no según la realidad. ¿Cómo organizar calendarios
supuestamente universales de acuerdo con la realidad, tanto cosmológica como
local? ¿Cómo aprender que el “mundo al revés” es un mundo culturalmente
diferente que participa de un universalismo moral con toda la humanidad
(Kant)? ¿Cómo transformar el imaginario
del visitante para que el mundo
globalizado no amenace su identidad, sino que fortalezca sus raíces y amplíe
sus horizontes? No se trata aquí de una
oposición entre “tradicional” y “moderno”, sino entre alteridad hegemónica con
fantasías de universalidad y alteridad cooperativa con consciencia de sus
límites regionales. La ideología
dominante hoy es contestada por causas que luchan contra el monopolio y la
hegemonía,como el feminismo, el comunitarismo y el pos-modernismo, las luchas
indígenas y afro-americanas, las causas de las minorías étnicas y de las
mayorías sociales marginalizadas o excluidas. 1.6. La exclusividad del poder
Los misioneros que actuaban en
la microestructura intentaban reproducir la constalación de Uno que representa el Todo.
En nombre de la “salvación integral” luchaban por el poder total,
llamado “policía mixta”[9]
(poder temporal y espiritual) y por la reconstrucción del mundo en lo
singular. “Por ser esta gente tan
mísera y baja, que si con ellos no se tiene toda autoridad, no se tiene
ninguna; y si no los tienen muy debajo de la mano y sujetos, no hay mano para
con ellos”, escribe Gerónimo de Mendieta a Francisco de Bustamante, comisario
general de los franciscano en las Indias.[10] Los motivos para la
reivindicación del poder espiritual y temporal por parte de los religiosos eran
nobles: protección de los indios de la
codicia del conquistador y colonizador.
En ciertas circunstancias históricas se podría delegar el poder al brazo
secular; nunca, por ende, se podría repartir este poder con el Estado, con los
conquistados o con los cuadros subordinados de la propia Iglesia,
representados, a los ojos de la jerarquía naciente, por los religiosos. Estos alegaban, delante de los obispos, el
derecho del primogénito de las Américas y el poder de privilegios papales bien
circunscritos en el breve Exponi nobis,
de 1522, luego llamado “bula Omnimoda”.[11] La reconstrucción de un mundo en lo singular
con un origen único excluyó también la posibilidad de la repartición del poder
al interior de la Iglesia. En la cristiandad, la reivindicación de
“participación interna” en la Iglesia significaba irrespeto al orden divino. 2. Perspectivas de diálogo: Tikal y Roma Tikal, un complejo de
pirámides de los pueblos maya en Guatemala, simboliza, en este contexto, la
causa indígena que se procura articular en la Teología India; Roma representa
el discurso institucional del cristianismo en su vertiente católica oficial. “Tikal” realizó en la ciudad de Asunción,
Paraguay, del 6 al 10 de mayo de 2002, el “Cuarto Encuentro Ecuménico
Latinoamericano de Teología Indígena”. Los y las 170 participantes de este
encuentro eran en su mayoría indígenas procedentes de 45 pueblos diferentes y
enraizados, además de sus culturas, en diferentes iglesias cristianas. El tema del evento, “En busca de la Tierra
sin Mal”, permitió a los y las participantes trabajar las diferentes utopías
contenidas en sus mitos. Resumieron su
visión de la siguiente manera: La Palabra Antigua, palabra de
nuestros antepasados, que nos acompañan en el presente, el mito, es una palabra
cargada de sueños y esperanza, que orienta el caminar de nuestros pueblos a la
Tierra sin Mal, la Tierra Florida. De
la tierra nos viene el alimento, de ella brotan las hierbas que nos curan, de
ella brota el agua que nos da vida, ella es la Madre de los árboles y de las
piedras y de la humanidad y de todos los seres. Según nuestras tradiciones lo que la tierra nos da está destinado
a toda la humanidad, en la economía de la reciprocidad.[12] Bajo la mirada crítica de sus
iglesias, los y las indígenas enfatizaron, sobre todo en los textos publicados,
la continuidad y complementariedad entre sus tradiciones y el cristianismo,
entre su cultural oral y la cultura letrada, entre la lógica mítico-simbólica y
la lógica occidental. Los y las
indígenas avalaron la actuación de sus iglesias no por sus enunciados esencialistas, sino por su competencia
vivencial. “Si las creencias y la fe se orientan a la vida desde
adentro, desde el corazón, entonces no hay dificultad en ser indígena y
cristiano”, afirmaban. “En esta
orientación para la vida es que los mitos, ritos y símbolos indígenas dialogan
con la propuesta de sus iglesias.” Los
y las indígenas describieron su Cuarto Encuentro de Teología India como un
nuevo Pentecostés: en esos días,
“personas de todas las razas, lenguas y naciones se sentaron juntos como
hermanos en la mesa común, dando gloria al Dios de la creación, de infinita
gratuidad, de salvación universal que es el mismo Dios de Jesucristo.” La aparente armonía de los
pronunciamientos y documentos de este Cuarto Encuentro, esconde el conflicto
causado por la apropiación de un instrumento, llamado “teología”, que es
controlado por instancias del gobierno central de la Iglesia Católica. En la Reunión Plenaria de la Pontificia
Comisión para América, del 20 al 23 de marzo de 2001, en la Ciudad del
Vaticano, el Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud, el
arzobispo emérito de Zacatecas, México, Javier Lozano Barragán, dio, desde el
magisterio romano, un cuadro general sobre autores, métodos, tipos y puntos
neurálgicos de la Teología India.[13] Entre las diferentes objeciones en contra de
esa reflexión teológica de los pueblos indígenas se entrelazan cuestiones
formales (mito x logos), cuestiones de autoría (teólogos x pueblos indígenas) y
cuestiones doctrinales propiamente dichas. 2.1. El mito Una Teología India que recurre
al mito, dicen algunas autoridades eclesiásticas, sería mitología, no teología.
La superación del mito (griego, romano, germánico) había sido la gran victoria
del logos, comprendiendo el mito como
una fase pre-racional en la evolución humana.
Pero el mito de los pueblos indígenas ya pasó por el esclarecimiento
moderno que lo rescató del fundamentalismo. El mito indígena, al inicio del
siglo 21, tiene la fuerza de metáfora y de sueño. Cuando los y las indígenas de Taraumara, por ejemplo, interpretan
la “cobra devoradora” como “neoliberalismo” que sacrifica a los pobres, hacen
del mito un uso histórico-político.
Lévi-Strauss llama la atención a un fenómeno importante: Si en las sociedades sin escritura
los acontecimientos positivos estaban mucho más allá de los poderes de la imaginación y le cabía a
los mitos llenar ese espacio, nuestra propia sociedad se encuentra en la
situación inversa (...) que lleva al mismo resultado. Entre nosotros, los conocimientos positivos transborda de tal
forma los poderes de la imaginación que esta, incapaz de comprender el mundo
cuya existencia le es revelada, tiene como único recurso volverse al mito. En
otras palabras, entre el especialista que atine por el cálculo una realidad
inimaginable y el público ávido de captar algo de esa realidad cuya evidencia
matemática desmiente todos los lados de la intuición sensible, el pensamiento
mítico vuelve a ser un intercesor, único medio para que los físicos se
comuniquen con los no físicos.[14] El mundo cuántico es un mundo
real, aunque aún no se encontró un lenguaje común. La propia ciencia propone el mito como un puente para la
comprensión de la realidad, cuando nos habla del complejo de Edipo, del “gato”
de Schrödinger o del big bang. “Del modo más inesperado, es el diálogo con
la ciencia lo que hace del pensamiento mítico nuevamente algo actual”,[15]
advierte Lévi-Strauss. El mito y la
teología tienen funciones sociales y lenguajes semejantes. Ambos explican los orígenes del mundo y de
la humanidad, legitiman las condiciones de vida (muerte, sufrimiento, clases
sociales, pecado) y alimentan los sueños, deseos y utopías de un mundo
mejor. Las diferentes condiciones de
vida producen diferentes utopias y exigen diferentes explicaciones mitológicas
y/o teológicas. Las sociedades
indígenas igualitarias que no acumulan ni excluyen, exigen otras legitimaciones
– otras teologías-- que las sociedades concurrenciales
y acumulativas al interior del capitalismo neoliberal. 2.2. Los autores El discurso de la Teología
India, en cuanto teología cristiana, no es, según ciertas instancias eclesiásticas,
un discurso de los y las indígenas, sino más bien de teólogos que procuran
resucitar la Teología de la Liberación, considerada muerta desde 1989. Es obvio que un discurso que envuelve el
proyecto de un pueblo no puede separar el discurso de liberación del discurso
de redención. Ambos discursos –anclados
en la memoria histórica de los respectivos pueblos, en la lucha por sus
territorios, en la articulación de sus organizaciones y en la defensa de su
proyecto de vida y en la organización de sus esperanzas-- tiene dimensiones
políticas. El discurso de los pueblos
indígenas no es pre-moderno, ni tampoco simplemente moderno o pos-moderno, sino
integral (holístico). La fiesta vale
más que el trabajo. No existía, entre
los Guaraní, la palabra “pecado”, ni la palabra “hambre” entre los Aymara. En cuanto que el discurso indígena apunta a
un proyecto holístico al interior de una evolución histórica, el discurso de
sectores escépticos, frente a la capacidad de los pueblos indígenas, apunta a
un proyecto de identidad sin evolución. Ese discurso dispensa al otro para su
auto-conocimiento. Su problema de fondo
no es el pluralismo, sino la alteridad. Cabe preguntar: ¿por qué los y las indígenas se están
apropiando de una arma tan peligrosa como es la teología? Ciertamente, la teología es una plataforma de
afirmación étnica al interior de las iglesias.
Ella es relevante bajo el aspecto de la inculturación y del diálogo
inter-religioso porque rompe con modelos de adaptación y asimilación. Si el proyecto de vida de los pueblos
indígenas no puede ser tercerizada, tampoco su reflexión teológica sobre sus
prácticas –donde lo religioso y lo político aún conviven en un holsimo
original-- puede ser simplemente asumida por otras experiencias históricas. ¿La Teología India es una
teología de los pueblos indígenas?
Ciertamente es más indígena que la teología colonial y “moderna” que le
precedió, y ciertamente es más indígena que la teología que pretende
sustituirla. Tikal no dispensa de
Atenas, más bien Atenas y Roma no pueden insistir en la irrelevancia de Tikal
para la producción teológica. 2.3. La doctrina Las grandes objeciones contra
la Teología India contribuirán, a largo plazo, la auto-comprensión de
cristianismo en su conjunto. Se trata de la cuestión: - de la “historia de la
salvación”, desligada de la historia concreta de los pueblos, - de la “revelación” cerrada
con la muerte del último apóstol, - de la mediación exclusiva y
universal de la salvación en Jesucristo. Para los y las cristianas, el
“Verbo encarnado” es la última palabra.
Pero, en la hermenéutica del Verbo nadie tiene la última palabra. El acceso a la última palabra es siempre un
acceso a través de penúltimas palabras que llamamos símbolos, metáforas,
conceptos, modelos, paradigmas, mitos y teologías. Son construcciones históricas.
El diálogo, esclarecido por la ciencia, con su racionalidad construida y
compartida, abandona el concepto de verdad como correspondencia a la
“realidad”. Los “modelos” que las
ciencias producen – convengamos que la teología también es una ciencia – no
representan una relación de identidad con la supuesta “esencia” de las
cosas. La idea de convertir el
pensamiento en una descripción de la realidad idéntica al objeto del conocimiento
exprime el deseo de dominar el objeto. En el diálogo entre las religiones hay
un debate sobre descripciones de diferentes proyectos de vida y visiones del
mundo, pero no hay descripciones ni proyectos privilegiados. También la
teología, o teologos, es apenas un
una linterna cuya luz iluminas u
objeto a larga distancia. Nadie “domina” los misterios de Dios. Convengamos que
la verdad de la fe sea una sola, nuestro hablar de la verdad es fragmentado y
complementario. En el diálogo interreligioso
nadie necesita “sacrificar” su discurso en beneficio del discurso de una u otra
religión. El diálogo acontece en un ámbito de autoestima, de tolerancia y
aprendizaje, no de conversión. Un
ejemplo de este diálogo religioso posible era el encuentro de múltiples religiones
en Assis, donde el catolicismo tradicionalmente es hegemónico. Las religiones, como muestra el “Decálogo de Assis para la Paz”,[16]
firmado por representantes Sikh de la India y diversas religiones tradicionales
de Africa, por representantes del Cristianismo, del Islam, del Budismo, del Hinduismo,
del Confucianismo, del Zoroastrismo y del Jansenismo, están, según sus
principios, unidas contra la violencia y el terrorismo ad extra (contra terceros) cuando condenan “cualquier recurso a la
violencia y a la guerra en nombre de Dios o de la religión.” Pero no siempre logran secar el lago de
violencia de sectores fundamentalistas en su propias filas. La posibilidad del diálogo
interreligioso con los pueblos indígenas exige de las iglesias transformaciones
estructurales. Un nuevo modelo eclesial
que pasó por las aporras de la premodernidad, de la modernidad y de la
posmodernidad, va a definir – en contra del respectivo espíritu de la época –
su proyecto a partir de los y las pobres y de los otros, de la comunidad y del
camino. En la conversión a través del
paso por las realidades concretas de los pueblos surgirán iglesias que brillen
por la agilidad de sus estructuras y por la competencia de sus lecturas de la
alteridad. 2.4. El encuentro posible En el origen del conflicto en
torno a la Teología India está el conflicto entre sociedades indígenas y
sociedades dominantes. Para el pueblo
Guaraní, vivir con dignidad – vivir en la divina abundancia-- significa tener
lo suficiente para la práctica de la reciprocidad. La “divina abundancia” es el resultado del compartir, no de la
acumulación. El mundo moderno conspira
contra ese “modo de ser guaraní” (teko). La tekoha,
o “lugar donde se dan las condiciones para ser guaraní”, y el teko katu, o “ser auténticamente guaraní” están amenazados. El valor del tiempo y del
espacio, por ejemplo, en ambas sociedades, es muy diferente. En
la aldea guaraní, la función prioritaria del tiempo no es el trabajo
sino el ocio. Donde la valor del tiempo
no es el “dinero”, tampoco el “tiempo libre” es confundido con la “pereza”.
Para muchos pueblos indígenas, la fiesta garantiza la redistribución de los
bienes. La función básica del espacio –
de la tierra- no es “propiedad” para generar lucro, sino “don” que garantiza el
bienestar de la vida. Si la teología es una instancia
que explica y legitima la vida concreta de cada sociedad, obviamente las
teologías de las sociedades más o menos igualitarias, integradas y holísticas,
y las teologías de las sociedades marcadas por desigualdades estructurales y
fragmentaciones profundas, son diferentes en sus metodologías, contenidos y
perspectivas. Solo una teología que se entiende como instancia crítica al
interior de la sociedad dominante permite una cierta proximidad a la Teología
India. Desde esta perspectiva, la
Teología India exige a las iglesias una teología profética. La Teología India, en cuanto
discurso profético al interior de una sociedad estructuralmente desigual,
denuncia las relaciones sociales asimétricas, cuestiona el discurso hegemónico
que impide la comunicación y propone rupturas sistémicas que apuntan a la
utopia de sociedades igualitarias. Para iniciar un diálogo entre diferentes
teologías es importante no perder de vista los diferentes modelos de sociedad
que produjeron los discursos teológicos.
El diálogo interreligios es solamente posible en condiciones de simetría
sociocultural. Las diferencias, consideradas propiamente teológicas (conceptos,
identidad, verdad, dogma), muchas veces son secundarias y encuentran en el
suelo sociohistórico su explicación profunda y en el objetivo concreto de la
construcción de una sociedad igualitaria su superación. [1]
Publicado in: Vida y Pensamiento,
San José, Costa Rica, v. 22, n. 2, p. 93-109, Segundo Semestre 2002. [2]
Anhangüera significa Diablo Viejo, nombre dado por los indios al bandeirante
Bartolomeu Bueno da Silva. [3]
Cf. J. Habermas, La unidad de la razón en la
multiplicidad de sus voces, en IDEM, Pensamiento
postmetafísico. (Madrid: Taurus, 1990), p.
155-187. [4] S. Castro (ed.), A carta de Pero Vaz de Caminha. (Porto
Alegre: L&PM, 1985), p. 95. [5] Ibid., p.96. [6] Cf. Porantim XXII/225 (mayo 2000): 18. [7] J. de Acosta, “De procuranda indorum salute”. En: Obras del padre José de Acosta. (Madrid: Atlas (B.A.E. 73), 1954),
p. 399 (liv. 1, cap. 2). [8] A. Sepp, Viagem às missões jesuíticas e trabalhos apostólicos. (Belo
Horizonte/São Paulo: Itatiaia/EDUSP, 1980), p. 73, 82, 85. [9]
Cf. V. de Quiroga, Información en derecho
(1535). (México: Secretaría de Educación Pública, 1985), p. 175s. [10]
Carta del padre Fray Gerónimo de Mendieta (1562). En: J. GARCÍA ICAZBALCETA, Coleccion de documentos para la historia de
México. Vol. 2, (México: Porrúa, 1980), p. 519. - Tb. integralmente en
port. en: P. Suess, A conquista
espiritual da América Espanhola. 200 documentos – siglo XVI. Petrópolis: Vozes, 1992, p. 884-903, aquí 887 (Doc. 184). [11]
Cf. P. Torres, La bula Omnimoda de Adriano VI. Madrid: Instituto Santo Toribio
de Mogrovejo/C.S.I.C. (Bibl. "Missionalia Hispanica"), 1948. El breve
Exponi nobis, más conocido como "bula Omnimoda", concedió extraordinarios poderes espiritualess a
las ordenes mendicantes, poderes que luego causaron conflictos con los
respectivos prelados. - Texto integral en port. en: P. Suess, A conquista espiritual da América Espanhola,
l.c. p. 256-258 (Doc. 36). [12]
Mensaje final. Los documentos del 4o Encuentro Ecuménico Latinoamericano de
Teología India se encuentran en la siguiente página de internet: www.missiologia.org.br [13]
Cf. Pontificia Comisión Para América Latina. Reunión Plenaria, Ciudad del
Vaticano, 20 – 23.2001, Actas. Realidades, problemas, perspectivas o
propuestas pastorales en orden a la Nueva Evangelización, a la luz de la
Exhortación Apostólica ‘Ecclesia in America’. (Ciudad del Vaticano:
Libreria Editrice Vaticana, 2001), p. 159-175 (La teología india) e p. 308
(Conclusión n. 3). [14] Lévi-Strauss, Claude, Hitória de lince, (São Paulo: Companhia
Das Letras, 1993), p. 10 [15] Ibid.,
p.12. [16]
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