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V CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO
LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE Aparecida,
13-31 de mayo de 2007
ÍNDICE
GENERAL INTRODUCCIÓN PRIMERA
PARTE CAPÍTULO 1:
LOS DISCÍPULOS MISIONEROS
1.1 Acción
de gracias a Dios 1.2 La
alegría de ser discípulos y misioneros de Jesucristo 1.3 La misión
de CAPÍTULO
2: MIRADA DE LOS DISCÍPULOS MISIONEROS SOBRE 2.1 La
realidad que nos interpela como discípulos y misioneros 2.1.1 Situación sociocultural 2.1.2 Situación económica 2.1.3 Dimensión sociopolítica 2.1.4 Biodiversidad, ecología, Amazonia y
Antártida 2.1.5 Presencia de los pueblos indígenas y
afrodescendientes en 2.2
Situación de nuestra Iglesia en esta hora histórica de desafíos SEGUNDA
PARTE CAPÍTULO
3: 3.1 La
buena nueva de la dignidad humana 3.2 La
buena nueva de la vida 3.3 La
buena nueva de la familia 3.4 La
buena nueva de la actividad humana: 3.4.1 El trabajo 3.4.2 La ciencia y la tecnología 3.5 La
buena nueva del destino universal de los bienes y ecología 3.6 El
Continente de la esperanza y del amor CAPÍTULO
4: 4.1
Llamados al seguimiento de Jesucristo 4.2
Configurados con el Maestro 4.3
Enviados a anunciar el Evangelio del Reino de vida 4.4
Animados por el Espíritu Santo CAPÍTULO
5: 5.1
Llamados a vivir en comunión 5.2
Lugares eclesiales para la comunión 5.2.1 5.2.2 5.2.3 Comunidades Eclesiales de Base y
Pequeñas comunidades 5.2.4 Las Conferencias Episcopales y la
comunión entre las Iglesias 5.3
Discípulos misioneros con vocaciones específicas 5.3.1 Los obispos, discípulos misioneros de
Jesús Sumo Sacerdote 5.3.2 Los presbíteros, discípulos misioneros
de Jesús Buen Pastor 5.3.2.1 Identidad y misión de los presbíteros 5.3.2.2 Los párrocos, animadores de una
comunidad de discípulos misioneros 5.3.3 Los diáconos permanentes, discípulos
misioneros de Jesús Servidor 5.3.4 Los fieles laicos y laicas, discípulos y
misioneros de Jesús Luz del mundo 5.3.5 Los consagrados y consagradas,
discípulos misioneros de Jesús Testigo del Padre 5.4 Los
que han dejado 5.5 Diálogo ecuménico e
interreligioso 5.5.1 Diálogo ecuménico para que el mundo crea 5.5.2 Relación con el judaísmo y diálogo
interreligioso CAPÍTULO
6: EL ITINERARIO FORMATIVO DE LOS DISCÍPULOS MISIONEROS 6.1 Una
espiritualidad trinitaria del encuentro con Jesucristo 6.1.1 El encuentro con Jesucristo 6.1.2 Lugares de encuentro con Jesucristo 6.1.3 La piedad popular como espacio de
encuentro con Jesucristo 6.1.4 María, discípula y misionera 6.1.5 Los apóstoles y los santos 6.2 El
proceso de formación de los discípulos misioneros 6.2.1 Aspectos del proceso 6.2.2 Criterios generales 6.2.2.1 Una formación integral, kerygmática
y permanente 6.2.2.2 Una formación atenta a dimensiones diversas 6.2.2.3 Una formación respetuosa de los
procesos 6.2.2.4 Una formación que contempla el
acompañamiento de los discípulos 6.2.2.5 Una formación en la espiritualidad de
la acción misionera 6.3
Iniciación a la vida cristiana y catequesis permanente 6.3.1 Iniciación a la vida cristiana 6.3.2 Propuestas para la iniciación cristiana 6.3.3 Catequesis permanente 6.4
Lugares de formación para los discípulos misioneros 6.4.1 6.4.2 Las Parroquias 6.4.3 Pequeñas comunidades eclesiales 6.4.4 Los Movimientos eclesiales y Nuevas
comunidades 6.4.5 Los Seminarios y Casas de formación
religiosa 6.4.6 6.4.6.1 Los centros educativos católicos 6.4.6.2 Las universidades y centros superiores
de educación católica TERCERA
PARTE CAPÍTULO
7: 7.1 Vivir
y comunicar la vida nueva en Cristo a nuestros pueblos 7.1.1 Jesús al servicio de la vida 7.1.2 Variadas dimensiones de la vida en
Cristo 7.1.3 Al servicio de una vida plena para todos 7.1.4 Una misión para comunicar vida 7.2
Conversión pastoral y renovación misionera de las comunidades 7.3
Nuestro compromiso con la misión ad gentes CAPÍTULO
8: REINO DE DIOS Y PROMOCIÓN DE 8.1 Reino
de Dios, justicia social y caridad cristiana 8.2 La
dignidad humana 8.3 La
opción preferencial por los pobres y excluidos 8.4 Una
renovada pastoral social para la promoción humana integral 8.5
Globalización de la solidaridad y justicia internacional 8.6
Rostros sufrientes que nos duelen 8.6.1 Personas que viven en la calle en las
grandes urbes 8.6.2 Migrantes 8.6.3 Enfermos 8.6.4 Adictos dependientes 8.6.5 Detenidos en cárceles CAPÍTULO
9: FAMILIA, PERSONAS Y VIDA 9.1 El
matrimonio y la familia 9.2 Los
niños 9.3 Los
adolescentes y jóvenes 9.4 El
bien de los ancianos 9.5 La
dignidad y participación de las mujeres 9.6 La
responsabilidad del varón y padre de familia 9.7 La
cultura de la vida y su defensa 9.8 El
cuidado del medio ambiente CAPÍTULO
10: NUESTROS PUEBLOS Y 10.1 La
cultura y su evangelización 10.2 La
educación como bien público 10.3
Pastoral de 10.4
Nuevos areópagos y centros de decisión 10.5
Discípulos y misioneros en la vida pública 10.6 10.7 Al
servicio de la unidad y de la fraternidad de nuestros pueblos 10.8 La
integración de los indígenas y afrodescendientes 10.9
Caminos de reconciliación y solidaridad CONCLUSIÓN
SIGLAS DOCUMENTO
CONCLUSIVO
Versión
oficial
INTRODUCCIÓN
1.
Con la luz del Señor resucitado y
con la fuerza del Espíritu Santo, Obispos de América nos reunimos en Aparecida,
Brasil, para celebrar 2.
Con alegría estuvimos reunidos con
el Sucesor de Pedro, Cabeza del Colegio Episcopal. Su Santidad Benedicto XVI,
nos ha confirmado en el primado de la fe en Dios, de su verdad y amor, para
bien de personas y pueblos. Agradecemos todas sus enseñanzas, especialmente su
Discurso Inaugural, que fueron iluminación y guía segura para nuestros
trabajos. El recuerdo agradecido de los últimos Papas, y en especial de su rico
Magisterio que ha estado también presente en nuestros trabajos, merece especial
memoria y gratitud. 3.
Nos hemos sentido acompañados por
la oración de nuestro pueblo creyente católico, representado visiblemente por
la compañía del Pastor y los fieles de 4.
El Evangelio llegó a nuestras
tierras en medio de un dramático y desigual encuentro de pueblos y culturas.
Las “semillas del Verbo”[1]
presentes en las culturas autóctonas facilitaron a nuestros hermanos indígenas
encontrar en el Evangelio respuestas vitales a sus aspiraciones más hondas:
“Cristo era el Salvador que anhelaban silenciosamente”[2].
La visitación de Nuestra Señora de Guadalupe fue acontecimiento decisivo para
el anuncio y reconocimiento de su Hijo, pedagogía y signo de inculturación de
la fe, manifestación y renovado ímpetu misionero de propagación del Evangelio[3]. 5.
Desde la primera evangelización hasta los
tiempos recientes 6.
Por eso, ante todo, damos gracias
a Dios y lo alabamos por todo lo que nos ha sido regalado. Acogemos la realidad
entera del Continente como don: la belleza y fecundidad de sus tierras, la
riqueza de humanidad que se expresa en las personas, familias, pueblos y
culturas del Continente. Sobretodo nos ha sido dado Jesucristo, la plenitud de 7.
La fe en Dios amor y la tradición católica en
la vida y cultura de nuestros pueblos son sus mayores riquezas. Se manifiesta
en la fe madura de muchos bautizados y en la piedad popular que expresa “el
amor a Cristo sufriente, el Dios de la compasión, del perdón y la
reconciliación (…), - el amor al Señor presente en 8.
El don de la tradición católica es
un cimiento fundamental de identidad, originalidad y unidad de América Latina y
El Caribe: una realidad histórico-cultural, marcada por el Evangelio de Cristo,
realidad en la que abunda el pecado – descuido de Dios, conductas viciosas,
opresión, violencia, ingratitudes y miserias – pero donde sobreabunda la gracia
de la victoria pascual. Nuestra Iglesia goza, no obstante las debilidades y
miserias humanas, de un alto índice de confianza y de credibilidad por parte
del pueblo. Es morada de pueblos hermanos y casa de los pobres. 9.
10.
Esta V Conferencia se propone “la
gran tarea de custodiar y alimentar la fe del pueblo de Dios, y recordar
también a los fieles de este continente que, en virtud de su bautismo, están
llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo”[7].
Se abre paso un nuevo período de la historia con desafíos y exigencias,
caracterizado por el desconcierto generalizado que se propaga por nuevas
turbulencias sociales y políticas, por la difusión de una cultura lejana y
hostil a la tradición cristiana, por la emergencia de variadas ofertas
religiosas que tratan de responder, a su manera, a la sed de Dios que
manifiestan nuestros pueblos. 11.
12.
No resistiría a los embates del
tiempo una fe católica reducida a bagaje, a elenco de algunas normas y prohibiciones,
a prácticas de devoción fragmentadas, a adhesiones selectivas y parciales de
las verdades de la fe, a una participación ocasional en algunos sacramentos, a
la repetición de principios doctrinales, a moralismos blandos o crispados que
no convierten la vida de los bautizados. Nuestra mayor amenaza “es el gris
pragmatismo de la vida cotidiana de 13.
En América Latina y El Caribe,
cuando muchos de nuestros pueblos se preparan para celebrar el bicentenario de
su independencia, nos encontramos ante el desafío de revitalizar nuestro modo
de ser católico y nuestras opciones personales por el Señor, para que la fe
cristiana arraigue más profundamente en el corazón de las personas y los
pueblos latinoamericanos como acontecimiento fundante y encuentro vivificante
con Cristo. Él se manifiesta como novedad de vida y de misión en todas las
dimensiones de la existencia personal y social. Esto requiere desde nuestra
identidad católica, una evangelización mucho más misionera, en diálogo con
todos los cristianos y al servicio de todos los hombres. De lo contrario, “el
rico tesoro del Continente Americano… su patrimonio más valioso: la fe en Dios
amor…”[11]
corre el riesgo de seguir erosionándose y diluyéndose de manera creciente en
diversos sectores de la población. Hoy se plantea elegir entre caminos que
conducen a la vida o caminos que conducen a la muerte (cf. Dt 30, 15). Caminos
de muerte son los que llevan a dilapidar los bienes recibidos de Dios a través
de quienes nos precedieron en la fe. Son caminos que trazan una cultura sin
Dios y sin sus mandamientos o incluso contra Dios, animada por los ídolos del
poder, la riqueza y el placer efímero, la cual termina siendo una cultura
contra el ser humano y contra el bien de los pueblos latinoamericanos. Caminos
de vida verdadera y plena para todos, caminos de vida eterna, son aquellos
abiertos por la fe que conducen a “la plenitud de vida que Cristo nos ha
traído: con esta vida divina se desarrolla también en plenitud la existencia
humana, en su dimensión personal, familiar, social y cultural”[12]
Esa es la vida que Dios nos participa por su amor gratuito, porque “es el amor
que da la vida”[13].
Estos caminos de vida fructifican en los dones de verdad y de amor que nos han
sido dados en Cristo en la comunión de los discípulos y misioneros del Señor,
para que América Latina y El Caribe sean efectivamente un continente en el cual
la fe, la esperanza y el amor renueven la vida de las personas y transformen
las culturas de los pueblos. 14.
El Señor nos dice: “no tengan
miedo” (Mt 28, 5). Como a las mujeres en la mañana de |